Es por todos sabido la importancia de la COMPRENSIÓN LECTORA para el desarrollo académico y personal de un niño. Y en la enseñanza de la misma lo que se persigue no es sólo que los niños aprendan a leer sino que aprendan leyendo, o sea, que piensen mientras leen. Por esto aprovecho este artículo para orientaros, animaros e implicaros en la labor de mejora de la capacidad para comprender los textos en los niños y para que adquieran el gusto por la lectura, pues ésta les servirá de instrumento fundamental de acceso a la cultura y al aprendizaje autónomo y además puede ser una de las formas más óptimas y apasionantes de canalizar el ocio.
A menudo me han consultado padres preocupados porque perciben que sus hijos no manifiestan interés por la lectura, no leen o no les gusta hacerlo, y la primera pregunta que les hago es ¿cuántas veces nos observan nuestros hijos leyendo?, o ¿cuántas veces les manifestamos la satisfacción y el entusiasmo por hacerlo?. Hay que recordar que gran parte de lo que el niño aprende, lo aprende por imitación, reproduciendo aquello que ve en sus padres, hermanos u otros modelos que le sirven de ejemplo, por tanto, si en el ambiente que rodea al niño no se lee, probablemente al niño no se le ocurra leer. El lector no nace, se hace y un buen lector se forma fundamentalmente en el seno familiar. Para que un niño se convierta en lector se requieren muchos años y un entrenamiento progresivo, además cuanto antes se inicie este proceso más fácil y provechoso será. Mi intención es sugeriros algunas estrategias que podemos emplear con nuestros hijos para ayudarles a ser lectores expertos y que disfruten con la lectura.
La primera recomendación será buscar algún momento de cada día para dedicar unos minutos, quince pueden ser suficientes, y sentarnos todos juntos a leer. Los adultos, vamos a actuar en este proceso siempre de guías, mostrando, facilitando y ayudando a recorrer el camino necesario para llegar a ser un buen lector. En las primeras etapas la dirección o ayuda que les prestaremos será máxima y poco a poco iremos desvaneciéndola hasta que ellos prosigan de forma autónoma. Cuando aún no leen o lo hacen con poca fluidez e incluso posteriormente, es conveniente leerles en voz alta, así desde pequeños aprenderán a escuchar cuentos, a imaginar situaciones, personajes, sentimientos, lugares, etc.
Si realmente queremos que nuestros hijos se aficionen a la lectura es importante que lo que lean sea adecuado a su edad, su capacidad y sus intereses. Al principio es conveniente elegir con ellos los libros. Los criterios que podemos seguir en esta elección pueden ser por ejemplo: respecto del tema, que sea adecuado a las preferencias e intereses de los niños; las ilustraciones, que sean de calidad, expresivas y que la imagen y el texto estén bien coordinados; la maquetación, tipo de letra, longitud y distribución de los párrafos, cantidad de texto por página, sean adecuados; el lenguaje que utiliza el autor, que sea accesible al niño; los diálogos, si los hay, que puedan seguirlos sin dificultad, sabiendo en cada momento quién habla; la estructura de la historia, que sea sencilla y lógica, en la que el niño pueda anticiparse a los acontecimientos; el estilo, sencillo y que provoque emociones e intriga para que el niño sienta el deseo de pasar a la página siguiente, etc.
Estos factores del texto o del libro, es decir, la forma como está escrito y estructurado el texto, son muy importantes en la lectura, pueden facilitar su comprensión o hacerla difícil e inaccesible, pero no son los únicos factores que influyen en la comprensión del texto, lo que hace el lector es fundamental, pues la comprensión depende de la interacción entre el texto y el lector. Por eso, os sugerimos otras estrategias que se les puede enseñar a realizar mientras leen. Como dijimos al principio la cuestión clave es que el niño piense mientras lee, para ello lo que le enseñaremos es a mantenerse activos intelectualmente mientras va avanzando en su lectura, haciéndose preguntas sobre lo que va leyendo. Estas preguntas, inicialmente, se las haremos nosotros e intentaremos que poco a poco se las vayan haciendo a sí mismos. Tienen la intención de que reflexionen sobre el tema que trata el texto o libro. Para ello, podemos cuestionarles sobre qué trata lo que han leído, qué aspectos del tema se tratan, qué pasará después, qué piensan del final.
Otro aspecto primordial en la comprensión lectora es saber seleccionar la información importante de la no relevante, para enseñarles a detectar esta información, podemos hacerlo preguntándoles sobre cuál es la idea o ideas más importantes que el autor intenta explicar, teniendo en cuenta que un texto narrativo, o sea, un cuento o una historia, la información más importante comunica lo que ocurre en el relato y por qué. Las preguntas que podemos hacerles en este caso son: ¿quién es el personaje o los personajes protagonistas?; ¿dónde y cuándo ocurrió el relato?; ¿qué fue lo que ocurrió?; ¿cómo se sintió el protagonista?; ¿qué hizo?; ¿cómo termina el cuento o que consiguió el protagonista?. Mientras que en un texto expositivo, como lo son casi todos los de los libros de texto, la información más importante puede ser la tesis del autor, y para comprender las ideas fundamentales de este tipo de textos hay que penetrar en su significado desentrañando las ideas y comprobando cómo se relacionan unas con otras. Para ello podemos enseñarles que según esta interrelación entre las ideas se dan varios tipos de estructuras textuales, por ejemplo: unos textos son descriptivos y en ellos se proporcionan las características de un fenómeno, por tanto, la comprensión de las ideas más importante de este tipo de textos, será desvelar el tema central y la relación de características o peculiaridades expuestas por el autor. En un texto cuya organización sea causal, en el que su contenido se articula en torno a una trama causal, de estados antecedentes, causas, y consecuentes, efectos, lo importante será detectar las causas y los efectos. Cuando la organización del texto sea en torno a un problema y su o sus posibles soluciones, lo importante será desvelar cuál es el problema y las soluciones o respuestas a ese problema. Si en el texto se sigue una organización comparativa, en la que se contraponen dos o más fenómenos, lo importante será descubrir cuáles son los fenómenos objeto de comparación, cuáles son sus puntos en común y en que discrepan.
Por último para terminar, nos gustaría insistir en que el aprendizaje es una actividad conjunta, en el caso que nos ocupa entre padres-madres e hijos, en la que progresivamente iremos transfiriendo el control de esta actividad a nuestros hijos y que nuestra función será la de modelar, mostrándoles para que ellos observen e imiten qué es lo que hacemos nosotros para comprender lo que leemos y nuestro entusiasmo por la lectura.
© 2012 Mª Arántzazu Bailón Sánchez - Logopeda y Pedagoga
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